Adiós (temporal) al Carrusel del Progreso en Magic Kingdom y mi opinión impopular sobre este show

Federico Argar

Esta semana, el Carrusel del Progreso recibió a sus últimos visitantes en la versión que hemos conocido desde 1994. Desde el 6 de julio, Tomorrowland amaneció con vallas de construcción alrededor del teatro giratorio. Es el cierre más significativo en la historia de la atracción desde su llegada a Magic Kingdom en 1975, y Disney no espera reabrirla hasta finales de 2027.

Qué va a cambiar

Esto no es un simple refresco de guion. Según lo anunciado por Disney, el Carrusel del Progreso tendrá un escenario introductorio completamente nuevo, protagonizado por un animatrónico de Walt Disney inspirado en el especial televisivo de 1964 «Disneyland Goes to the World’s Fair» —el mismo evento donde Walt presentó por primera vez la idea del Carrusel del Progreso, en el contexto de la Feria Mundial de Nueva York.

Man in a blue sweater giving a lecture on a stage filled with aviation drawings and models.
Arte de concepto de Disney

Además de esta nueva introducción, los cuatro actos que siguen a la familia protagonista serán reescritos con décadas distintas a las actuales:

  • Acto 1: verano de 1969, con la familia reunida frente al televisor para presenciar la llegada del hombre a la Luna.
  • Acto 2: Halloween de 1985, centrado en la llegada de las primeras computadoras domésticas.
  • Acto 3: Nochevieja de 1999, con la familia navegando el auge de internet por dial-up y el temor del Y2K.
  • Acto 4: una reimaginación completa del futuro, que dejará atrás los cascos de realidad virtual de los años 90 e introducirá un nuevo personaje robot asistente, basado en bocetos originales del Legend de Disney John Hench.

La icónica canción «There’s a Great Big Beautiful Tomorrow» se mantiene —eso, al menos, no cambia.

Más allá de lo creativo, Imagineering está aprovechando el cierre para reemplazar por completo la infraestructura hidráulica original de la atracción —la misma que ha causado fallas técnicas recurrentes en los últimos años— por actuadores eléctricos digitales, lo que en teoría dará más estabilidad y facilitará el mantenimiento a futuro.

Un cierre sin gran despedida

Algo que llamó la atención de varios seguidores de Disney: a diferencia de otros cierres históricos —como Great Movie Ride o Universe of Energy, que tuvieron mapas conmemorativos, botones de despedida y palabras especiales de los Cast Members en su última función— el Carrusel del Progreso cerró como un día cualquiera de verano, sin ceremonia oficial.

Para una atracción que ostenta el récord de ser el show teatral con más funciones en la historia del teatro estadounidense, y que lleva el nombre y la huella personal de Walt Disney, muchos esperaban un cierre más sentido.

Mi opinión impopular

El Carrusel del Progreso es, sin lugar a dudas, uno de los espectáculos más icónicos de Disney World, tanto por su trayectoria como por el legado de Walt Disney. Sin embargo, el mundo en el que vivimos en 2026 está lejos de parecerse al mundo en el que vivió y trabajó Walt Disney.

Vale la pena recordar algo que el mito fundacional del show suele omitir: el Carrusel del Progreso no nació como una visión personal y desinteresada de Walt sobre el futuro. Nació como «Progressland,» el pabellón de General Electric en la Feria Mundial de Nueva York de 1964, financiado por GE con el propósito explícito de promover sus electrodomésticos. Walt fue contratado —brillantemente— para convertir esa publicidad corporativa en una narrativa familiar entrañable. Esto no debilita la crítica; la fortalece. No se trata de que la visión de Walt se sienta anacrónica seis décadas después: se trata de que el show siempre fue propaganda de consumo disfrazada de optimismo familiar, y hoy simplemente podemos verlo con más claridad.

Durante su vida, Walt fue un defensor y un ejemplo perfecto del optimismo en el progreso: creía firmemente que los avances tecnológicos mejorarían nuestra calidad de vida.

El show presentaba a un hombre de mediana edad que, en algunas escenas descansaba tomando algo y leyendo la prensa —mientras su esposa hacía las tareas domésticas—, nos contaba un relato de su día, haciendo énfasis en cómo la tecnología (desde la invención de electrodomésticos caseros hasta las computadoras) traía mejoras a su vida y a la de su familia. Vale la pena detenerse en esa imagen: la carga del trabajo doméstico no remunerado recae, escena tras escena, sobre la esposa, mientras la «mejora en calidad de vida» se narra desde la comodidad del esposo. Es un recordatorio de que el «progreso» que celebra el show nunca fue neutral ni benefició a todos los miembros de esa familia por igual —exactamente el mismo tipo de desigualdad estructural que el show ignora al no hablar de vivienda, salud o educación.

Ahora, en 2026, hemos conocido el lado negativo de esa confianza en el progreso de la tecnología. En una sociedad donde la obsolescencia programada y el interés de las corporaciones en maximizar la rentabilidad son la norma, la tecnología de consumo masivo —la misma que mostraba el show— nos ha llevado a un consumo irresponsable de artefactos que, en algunos casos, no necesitamos, y que en otros nos ha alejado directamente de un progreso centrado en mejorar la calidad de vida. Aquí conviene una distinción que el show nunca hace: no toda la tecnología de consumo es igual. Hay avances que sí mejoraron condiciones materiales reales —refrigeración, saneamiento, medicina— y hay otros que son puramente de estatus, el gadget nuevo de cada temporada. El problema ideológico del Carrusel del Progreso es precisamente que equipara ambos tipos bajo la misma etiqueta de «progreso,» sin distinguir entre lo que de verdad transforma una vida y lo que solo la mantiene consumiendo.

Para el Carrusel del Progreso, el progreso no tiene nada que ver con vivir en una sociedad más justa, igualitaria e incluyente, con mejor acceso a la vivienda, la salud, la seguridad y la educación, sino con un mejor acceso a gadgets que, en realidad, poco han aportado a nuestro progreso real. Tal vez un cambio de nombre en el show sería una de las mejoras que Disney podría aplicar a este ícono del parque.


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