Walt Disney es sin duda una de las personalidades más relevantes del siglo XX. Moldeó la industria del entretenimiento con ideas revolucionarias. Sin embargo, le debemos a Roy Disney, su discreto hermano mayor, gran parte del éxito de este imperio multimedia y en especial, la creación de Walt Disney World.
Los hermanos sean unidos
El soñador Walt Disney contó desde su infancia con la protección y guía de su hermano ocho años mayor, Roy Disney. La debilidad que este sentía se manifestaba de mil maneras diferentes, desde compartir más tiempo con el pequeño en lugar de con sus otros dos hermanos mayores, hasta comprarle blocks de dibujo con los centavos que conseguía haciendo recados en Marceline, Missouri, el pueblo que los vio crecer.
Ambos se forjaron a la luz de un padre que los instaba a trabajar duro desde pequeños entregando periódicos matutinos y vespertinos en Kansas City, al mismo tiempo que desdeñaba la innegable inclinación de Walt por el arte y el dibujo. Pero Roy creía en Walt y lo apoyaba como diera lugar a perseguir sus sueños.
Tan creativo era uno, como el otro pragmático. El primer trabajo más estable de Roy fue cajero de banco, luego se enlistaría en la marina para pelear en la Primera Guerra Mundial. Queriendo seguir los pasos de su hermano, Walt convenció a sus padres de que le permitieran ingresar al conflicto como conductor de ambulancias para la Cruz Roja, pero una vez llegado a Europa, había finalizado.
Roy Disney fue tratado como veterano de guerra en diferentes instituciones por una persistente tuberculosis en el este de los Estados Unidos, mientras Walt intentaba en Kansas hacerse un lugar en el mundo de la publicidad y la animación. Dos bancarrotas más tarde -a pesar de cierto éxito relativo- Roy lo convenció de instalarse en Los Ángeles, donde tendría más oportunidades en el mundo del cine. Con la idea de “Alice Comedies” bajo el brazo -serie que combinaba la animación con actuaciones de una niña real- comenzó el camino buscando un distribuidor. Lo consiguió finalmente en Nueva York, de la mano de Winkler Pictures.
Combinar fortalezas a pesar de los contratiempos
Walt consultaba con su hermano sobre cuestiones financieras y contractuales, se le daba bien la creatividad, pero no los negocios. Roy fue el primer inversor de esta aventura con 200 dólares de sus propios fondos de retiro. Ese fue el comienzo de “Disney Brothers Studios”.
Comenzaron a trabajar en el garage de unos tíos y Roy hacía, literalmente, de todo. Cameraman, producción, contaduría, legales. Toda ganancia se reinvertía en la compañía: equipos, contratación de animadores. Las breves cintas de “Alice Comedies” fueron un éxito.
Este se sostenía, por el lado creativo en la visión y los sueños de Walt y desde lo financiero, por el olfato empresarial y la capacidad de negociar de Roy. Esta división de competencias se consolidaría al enfrentar algunos graves problemas que podrían haber terminado con la empresa y hubieran hecho del mundo del entretenimiento algo diferente al que conocemos actualmente.
La determinación de Walt Disney por conseguir su objetivo lo hizo tomar compromisos apresurados y poco beneficiosos. La pérdida de Oswald, su primer personaje animado de éxito, y la ruptura del primer contrato de distribución de los cortos del novel Mickey Mouse, fueron determinantes para que Walt no volviera a mezclar las competencias innatas de cada hermano.
Entendiendo que el empuje al futuro estaba en manos de la magia de Walt Disney, Roy le propuso cambiar el nombre de la compañía a “Walt Disney Studios”. Representaba el alma de la compañía: el arte, la creatividad y la innovación.
Ideas locas concretadas
Ya había apostado a la animación en láminas transparentes -antes se hacían con figuras recortadas en papel-, pero Walt Disney sabía que para destacarse entre la competencia debía ir más allá de lo inimaginable. Protagonistas con personalidades definidas y con los que el público se pudiera identificar, historias que engancharan más allá de la seguidilla de los gags, eran parte del triunfo que los diferenciaba de la mayoría de animadores, pero no era suficiente. Los primeros dos cortos mudos del nuevo personaje de la compañía, Mickey Mouse, no se vendían como esperaba. El cine sonoro daba sus primeros pasos, pero el audio estaba montado en discos que debían accionarse a mano en un fonógrafo, y bastaba un pequeño error para que la ilusión se desintegrara en el aire. Estaba convencido que la solución era grabar el audio en la cinta misma de la película.
La empresa estaba con los recursos justos, y Roy le advirtió que había dinero para hacer un solo intento. Falló. Era en extremo difícil lograr la sincronización de la banda y los efectos de sonido en una misma toma. Pero estaba empeñado en dar ese salto. Se le ocurrió dibujar en el margen de la película una pelota que rebotara rítmicamente como metrónomo para coordinar el audio a grabar. Roy dijo que ya no tenían recursos con qué hacerlo, Walt vendió su auto. Funcionó y con “Steamboat Willie” la historia de la animación se revolucionó. Mickey cambiaría para siempre la suerte de los hermanos Disney.
Walt Disney se superaba una y otra vez. Su voz hizo que Mickey Mouse hablara. En 1932 “Árboles y Flores” fue la primera animación technicolor dejando atónitos a los que decían que nadie pagaría más por ver animaciones coloreadas. Contra todo pronóstico en 1937 cosecharon otro éxito sin precedentes con el primer largometraje animado, Blancanieves, donde la utilización de la invención de la cámara multiplanos -que le daba una profundidad inédita a los dibujos- dejó anonadado al público. Métodos de tinta y desarrollo de pinturas, apostar a películas con actores reales, la mezcla de estos con animación, documentales, visitas a países de Sudamérica para generar vínculos de amistad (políticos) y desarrollar cortos aplicando todo lo investigado, incluso cintas apoyando la actuación de los Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial. Las 59 nominaciones y 22 Oscars ganados por Walt Disney, más una larga lista de reconocimientos internacionales dan testimonio de que la visión del creativo de la dupla no se equivocaba.
Pero nada de ello podría haber sido posible sin todas las apuestas empresariales que llevó adelante Roy. Mantener a flote semejantes proyectos era una labor diaria de manejo de presupuesto, intentar poner límites y también lidiar con cosas menos felices como pérdidas de taquilla por contextos económicos o huelgas de dibujantes. Capitalizó la propiedad intelectual: fundó una empresa discográfica para producir y comercializar las bandas de sonido de sus producciones y por primera vez en la historia del entretenimiento, se desarrolló el control del merchandising para explotar comercialmente los personajes. Y eran los años ´30. En 1940, tuvo la iniciativa más arriesgada y acertada para hacer crecer a la compañía, salió al mercado financiero haciendo de Walt Disney Studios una empresa pública.
No tenían los mismos talentos, pero confiaban ciegamente uno en el otro. Y ese balance era la clave de un éxito sin precedentes.
Nuevos horizontes
A finales de los años ´40 Walt fue a Roy con una nueva idea de negocios, quería hacer un parque de diversiones como nunca antes se hubiera visto. Roy simplemente le dijo “no”. Debía cuidar a los accionistas de la compañía y la idea de una feria de atracciones podría aterrarlos.
Walt estaba convencido, lograría su propósito a como diera lugar. Apostó su seguro de retiro, vendió su casa de vacaciones, pidió préstamos personales para solventar una nueva compañía, “WED Enterprises”. Era la forma de desvincular a “Walt Disney Studios” de ese salto al vacío. Aún así no llegaba a juntar los fondos. Entonces Walt hizo lo que mejor sabía, volver a Roy con otra idea innovadora: asociarse con la televisión para hacer programas que le permitan juntar dinero y promocionar al mismo tiempo a los productos de la compañía. Otro éxito cultural, empresarial y financiero.
El 17 de julio de 1955 se inauguró Disneyland y el resto fue historia.
Pero Walt tenía una ocurrencia más. A sólo tres años de la inauguración de aquel triunfo, Walt Disney ya estaba contabilizando los errores cometidos y posibles mejoras para un nuevo parque. Necesitaba que fuera en la costa este, donde la mayoría de la población de los estados Unidos vivía. Y en la era de los vuelos comerciales cada vez más accesibles, debería ser mucho más que un parque: ofrecerían hotelería y más. Pensando, ya no un día de parque de atracciones sino, en varios días de vacaciones. Quería tener el dominio del territorio para evitar que hoteles, restaurantes y comercios que no estaban a la altura de sus estándares de calidad invadieran ese lugar idílico.
Necesitaba espacio. Mucho espacio. Los siguientes cinco años fueron para dar con la locación perfecta. Y en unos pantanos en el medio de Florida, vio el lugar de sus sueños.
En medio de ese plan, la creatividad y amor por la tecnología de Walt Disney fueron requeridos en distintos proyectos externos. Uno de los cuales lo llevó a contactarse con Robert Moses, el desarrollador urbano de la ciudad más importante de la costa este, para participar con cuatro atracciones de la Feria Mundial de Nueva York de 1964. Prendió en él una pasión desbordante por hacer realidad una nueva ambición: construir la ciudad ideal, Comunidad Prototipo Experimental del Mañana: EPCOT.
Un concepto innovador con desarrollo radial, en donde un centro laboral y comercial estaría circundado por anillos de espacios verdes, suburbios e industrias. Comunicados de forma eficiente por transporte público de última tecnología.
Roy sabía que era prácticamente imposible, pero aceptó acompañar esta idea, siempre y cuando primero desarrollaran un resort con un parque de diversiones como atracción principal . Se compraron, en una operación secreta, 11.000 hectáreas cerca de Orlando, Florida.
El 15 de noviembre de 1965 los hermanos Disney junto al gobernador Haydon Burns anunciaron el revolucionario proyecto.
Apenas un año después el mundo lloraba la muerte de Walt Disney por las consecuencias de un letal cáncer de pulmón.
Roy el estoico
¿Cómo seguir sin Walt? Roy, que venía pensando en su retiro desde hacía ya varios años, tuvo que domar el dolor de su pérdida y transformarlo en energía. Debía ser la guía espiritual, financiera y creativa de una compañía que había perdido a la icónica figura con la que el mundo la identificaba y que estaba a punto de desarrollar su más ambicioso plan. Sumado a proyectos cinematográficos en marcha y una ampliación de atracciones en Disneyland.
Honraría el sueño de su hermano. A sabiendas de que sin la visión de Walt, el proyecto EPCOT no sería posible, lo pausó, pero manteniendo el espíritu de desarrollar algo que apuntara al futuro, planificado desde la eficiencia y que fuera integral.
Tomó decisiones creativas: en lugar de una plaza central, harían un lago en el frente del parque y se dispondrían los dos primeros Hoteles en las inmediaciones. Estarían comunicados por un monorriel que atravesaría al Contemporary Resort por el centro de su estructura. Idea que defendió con uñas y dientes, hasta el punto de comprar una constructora por 50 millones de dólares para cerciorarse que la impronta futurista de Walt se mantuviera con el monorriel pasando por el centro del edificio y no por un costado. Habría espacios verdes para hacer actividades como golf y la Seven Seas Lagoon sería por donde podrían llegar también los visitantes con un ferry desde el estacionamiento como opción al monorriel. Era el principio de la revolución mundial de lo que se entendía hasta el momento como centro vacacional.
Contrató a los más encumbrados expertos de cada área para el desarrollo pero supervisó decisiones estratégicas: drenado del pantano, contratación de organizaciones para reubicar especies nativas, creación de espacios de conservación dentro del predio, redireccionamiento de agua, hacer en el primer piso lo que serían los corredores de servicio y en una segunda planta, lo que se ve como línea de horizonte, el castillo y todas las atracciones, los sistemas de refrigeración de aire basados en tecnología de agua, el tratamiento de los desechos y aguas servidas, medios de transporte, más todo el diseño del parque, sus atracciones y el merchandising.
En tan sólo cinco años el proyecto estuvo listo y con una inversión de 400 millones de dólares, no contrajo una sola deuda.
El 1° de Octubre de 1971 se inauguró Magic Kingdom, tal como había bautizado Walt Disney al nuevo parque. Roy cumplió con el último sueño de su hermano y con sus propios principios empresariales. Para el discurso inaugural pidió que lo acompañara Mickey Mouse, era lo más cercano a Walt que tenía. Le cambió el nombre a todo el resort: “Walt Disney World es un tributo a la filosofía y vida de Walt Elias Disney y a los talentos, la dedicación y la lealtad de toda la organización Disney que hicieron real el sueño de Walt Disney.“ En una muestra de humildad e inmenso amor y respeto no sólo por la leyenda, sino por el hermano menor con el que había compartido plenamente toda su vida.
Menos de tres meses después, Roy O. Disney moría dejando como legado el conglomerado de medios y entretenimiento más grande del mundo y el testimonio de que los más grandes soñadores necesitan de una guía para hacer realidad hasta los más inimaginables proyectos.
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