El olor a agua enjabonada llenaba las calles de Valencia mientras los empleados de cafés y restaurantes empezaban su jornada limpiando las entradas de sus negocios. Era un pequeño gesto de bienvenida para los clientes del día, entre ellos quienes llegábamos con la ilusión de probar la reconocida gastronomía valenciana.
El segundo día del crucero transatlántico de 14 noches, que había zarpado el día anterior desde Barcelona, nos llevó al primero de los cinco puertos del itinerario, y uno de los que más ilusión me hacía conocer: Valencia, España.
Cómo llegar del puerto de cruceros de Valencia al centro
El puerto de cruceros de Valencia está algo alejado del centro histórico, en una zona industrial que, según nos advirtieron por los altavoces del barco, no es recomendable recorrer a pie. Para quienes, como yo, decidimos explorar la ciudad por nuestra cuenta, había dos opciones: taxis (unos 20 € por trayecto) o buses compartidos por 15 € ida y vuelta, que nos dejaban cerca de las Torres de Serranos. Es un punto ideal no solo por su ubicación central, sino porque se trata de una puerta monumental de finales del siglo XIV, concebida como estructura defensiva y como símbolo del prestigio de la Valencia medieval. Atravesar estas torres para comenzar el recorrido es el marco perfecto para descubrir una ciudad encantadora, llena de detalles, historias y sabores que hacen de este puerto mediterráneo una parada excepcional en tu crucero.

Lo primero que cuenta Valencia al adentrarse en su centro es una historia de belleza y reinvención de más de 2.000 años, viva en un presente moderno y vibrante. Sus calles combinan arquitecturas de distintas épocas, tiendas de antigüedades, librerías repletas en las que puedes pasar horas y, por supuesto, bares y restaurantes, reflejo de una vida social que se hace en la calle.
Desayuno en la Horchatería de Santa Catalina: horchata con fartons
Comenzar temprano, a las 9:00 a. m., cuando los buses empezaban a salir del puerto, me regaló el escenario perfecto para fotografiar las fachadas antes de desayunar en la Horchatería de Santa Catalina. Allí probé una de las combinaciones más tradicionales de la gastronomía local: horchata con fartons. En América Latina, de donde vengo, también existe una bebida llamada horchata, muy parecida en apariencia: ambas son blancas, como una leche vegetal. Sin embargo, la que yo conocía, la mexicana, se prepara con arroz, mientras que la valenciana se hace con chufa, lo que la vuelve mucho más suave y refrescante, a mi parecer. Suele acompañarse de fartons, unos bollos dulces, alargados, esponjosos y tiernos, típicos del municipio valenciano de Alboraya. La Horchatería de Santa Catalina es el lugar perfecto para probarlos, no solo porque son su especialidad, sino por su local pintoresco, decorado con azulejos de colores.

El Mercado Central y la Lonja de la Seda
Mi paseo continuó por el Mercado Central: un espectáculo arquitectónico del modernismo valenciano, con su estructura de hierro y el juego de luz que entra por sus vitrales de colores. Ten en cuenta que es un mercado en funcionamiento, donde muchos valencianos hacen sus compras, por lo que en varios puestos no permiten tomar fotos ni grabar. Aun así, lo recomiendo como un paseo perfecto para conocer los productos locales, la cultura valenciana y su icónica arquitectura.





Hablando de arquitectura icónica, justo enfrente del mercado se alza un edificio radicalmente distinto, sin hierro ni vitrales: la Lonja de la Seda, o Lonja de los Mercaderes, considerada el edificio más emblemático del gótico civil valenciano. Su construcción comenzó en 1482 y fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1996. Altos muros de piedra, columnas helicoidales que se abren como palmeras en bóvedas de crucería y una decoración escultórica poblada de gárgolas, demonios y animales fantásticos: entrar en este monumento es viajar en el tiempo.
En busca de la paella valenciana… y el arroz al horno de Los Gómez
Además de la pasión que siento al viajar por descubrir monumentos y arte local, y de lo fascinante que me resulta recorrer las calles de una ciudad nueva y ver a sus habitantes trabajar y convivir, la verdad es que la comida es una de mis principales motivaciones. En Valencia estaba muy emocionado por probar, por primera vez, la auténtica paella valenciana. La paella es uno de los platos más reconocidos de la gastronomía española, pero la que solemos comer fuera de Valencia está lejos de la tradicional, que se prepara con pollo, conejo, judía verde plana y garrofón, entre otros ingredientes. Mi misión era comerla en su ciudad de origen. Sin embargo, al buscar restaurantes noté que la mayoría solo la sirve para un mínimo de dos comensales, así que no encontré dónde pedirla. Después de mucho caminar, ya cansado y con hambre, decidí comer en Los Gómez, un restaurante de ambiente moderno y muy bien decorado, con una carta especializada en los platos de cocina tradicional española que tanto me gustan. Allí pedí arroz al horno, un plato de arroz con garbanzos, carne de cerdo, papa, tomate y morcilla, quizás una de las más ricas que he comido.

El arroz al horno fue una gratísima sorpresa: me gustó más que cualquier otro arroz que haya probado en España. La textura es suave, con partes crujientes; los garbanzos le dan un contraste muy particular, y las carnes lo convierten en un plato reconfortante y contundente sin llegar a ser pesado.
Mi consejo para tu escala en Valencia
Además, el arroz al horno fue un bello recordatorio de algo que no deberíamos olvidar al viajar: cuando los planes no salen como esperamos, tenemos dos opciones. Podemos dejarnos llevar por la frustración, o abrirnos a experiencias que pueden regalarnos nuevos recuerdos y nuevos sabores favoritos.
Esa es, precisamente, la mejor recomendación que puedo darte para cuando visites Valencia en la parada de tu crucero por España: abre tu corazón, piérdete en sus calles y déjate sorprender. Quizás te pase lo mismo que a mí, y Valencia se convierta en una de tus ciudades favoritas de España.

