¿Es Disney solo para niños?

Hace unos días vino a mi trabajo una señora de unos 60 años. Llevaba una camiseta con el dibujo de los Aristogatos y me sacó una sonrisa. Pensé “es de las mías!”. Aunque también me hizo pensar: ahora mismo es muy sencillo vestirse con ropa con temática de Disney. Desde las tiendas más económicas a las grandes firmas de moda, casi todas tienen en sus colecciones prendas con algún personaje o icono de Disney. Es fácil ver a todo tipo de personas llevando ropa, fundas de móvil y otros accesorios en los que aparezca cualquier personaje Disney. Hay quien lo lleva por moda, por gusto o simplemente porque el dibujo es de unos gatos, una sirena o un osito tierno, así no conozcan ni sus nombres. Todo porque, entre otras cosas, está de moda. Aunque, ciertamente, al menos en España, donde yo vivo, lo raro es verlo en gente de más de 35 o 40 años, porque: “¡qué van a decir de mi, si eso es para niños!”.

Supero los 40 años, y la mayoría de la gente de mi entorno, me atrevo a decir que el 80%, no entiende nada de todo esto:

  • No entienden porqué llevamos años ahorrando para poder viajar a Walt Disney World, en lugar de haberme hecho ya cuatro grandes viajes a cualquier otro sitio “de adultos”.
  • Tampoco entienden porqué me gusta ir cada año a un parque temático “si es siempre lo mismo, montañas rusas y ya…”
  • Pocos entienden que nos guste ver y coleccionar películas Disney. Y con las actuales,  quizás es más fácil,  pero cuando dices que te gusta un clásico como Blancanieves… ¡ay! Siempre hay alguien que sale con eso de “Disney nos hizo creer que la vida era de color de rosa… que vendría un príncipe a salvarnos, etc, etc…“  ¿¡En serio¡? De verdad que yo no conozco a ninguna mujer a mi alrededor que haya crecido pensando que un apuesto tipo con capa  y espada vendría un día a salvarla de cualquier mal.

Pero volviendo al tema en el que estaba, cuando eres un adulto y fan de Disney, parece que tienes que dar explicaciones continuamente sobre tus decisiones al respecto, desde tu ropa hasta tus vacaciones.

Cuando yo me pongo una camiseta de Mickey Mouse, no lo hago sólo porque me guste el dibujo. Lo hago por lo que representa para mí. Es una forma de mantenerme unida a la  magia que significa Disney en mi vida. Lo hago porque, en ese momento, llevar esa camiseta me hace recordar buenos momentos, imaginar futuros viajes y sobretodo, porque me hace sonreír.

Llevar la camiseta de tu grupo musical favorito, está bien, pero llevar una camiseta con el Pato Donald  estampado se ve raro, poco serio… infantil.

Aún a día de hoy conozco gente que opina que “a estos sitios sólo van familias con niños pequeños y gays”. No entiendo ésta unión.  De verdad que nunca vi a Mickey como un icono LGTBIQ+, pero quizás ellos sepan algo que yo no sé ¿? En fin…

Recuerdo estar viendo los fuegos artificiales en nuestro último viaje a Disneyland Paris, llorando de la emoción  (y la pena por irnos al día siguiente), y pensando “sólo quien viva esto lo puede entender”. A la vuelta, posteé un trocito de video del espectáculo en Instagram y pensaba “no tiene sentido, no se entiende la emoción si no lo viviste alguna vez.” y quizás es eso en realidad. Como pasa con muchísimas otras cosas, si no lo vives en primera persona, no lo entiendes. Y cuando no entiendes algo, por lo general, lo rechazas, lo criticas.

Entender un sentimiento ajeno o una ilusión cuando no lo has vivido, es complicado.

Hacerle entender a alguien que te encanta hacerte fotos con los personajes y que haces horas de cola para ello, es realmente difícil.

 Cómo  le vas a explicar a alguien que llevar a Goofy en tu camiseta te hace recordar las tardes de hace años, cuando veías “Goofy e hijo” y que eso te hace feliz. Cómo le haces entender a alguien que hace 12 años en Disney World te compraste un bañador de Mickey Mouse y, a día de hoy llevas, tatuado ese dibujo ocupando medio brazo (“¡Un tío hecho y derecho como tú!“). Y aún más, guardas ese bañador como oro en paño porque es tu favorito (y porque te emociona ponértelo!).  Y lo que es mejor, estás deseando llegar a Disney World y tener las firmas de Mickey y sus amigos para poder tatuártelas también!!. Muy loco…

Comencé  a escribir pensando que podría explicar “la magia”, pero es difícil.  La magia Disney es una ilusión,  una sonrisa, una vibración positiva, un sentimiento, una chispa, pixie dust, una música,  un cosquilleo, un recuerdo, una carcajada o unas lágrimas. Es algo que te mantiene ilusionado y alegre por dentro. No es una moda, no es pasajero. Es algo que te pica y se queda ahí para siempre, haciéndose cada vez mayor y que se alimenta de personajes, películas, canciones,  cuentos, viajes y todo tipo de merchandising (in)NECESARIO.

Cuando me dicen cosas como “yo no iría  ni de broma a un sitio así, tanta gente, tanto calor, tan caro, ¡tantos niños…!”, a veces me da pena que no entienden todo lo que se pierden o lo que podrían disfrutar, por el mero hecho de prejuzgar. Pero cuando veo que mis argumentos  “mágicos” no sirven de mucho, termino pensando “¡déjales! Casi mejor así,  que nos dejen a los niños ser felices,  aunque sea en éstos cuerpos de personas mayores.” A ver si van a tener razón y todo esto es sólo cosa de niños…

Ahora me pica la nariz y en mi cerebro suena “you can fly, you can fly…”

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