Mi opinión impopular sobre el reemplazo de Splash Mountain

Sin duda muchas son las virtudes que adornan a “La princesa y el sapo” (2009): es entrañable, es divertida, es ágil e, incluso, un poquitín oscura. Pero si algo la destaca es la forma en que consigue tratar y retratar a las minorías culturales sin por ello abandonar la inocencia característica de un cuento de hadas moderno. Por esa razón, que su protagonista tuviera un lugar propio en los parques temáticos Disney era algo no solo justo sino necesario; de hecho, ya se estaban tardando. Pero…

Pese estar convencida de que Tiana’s Bayou Adventure será una atracción adorable, debo confesar que no la veo como la puerta grande de entrada al Magic Kingdom que Tiana merecía. En lugar de recibir un espacio pensado y planeado desde un principio para ella, le dieron uno que ya tenía dueño, historia y diseño propios. Más que como una estrella, Tiana ha sido llamada al Reino Mágico en calidad de bateador emergente. Para los que no saben de béisbol, el bateador emergente es un jugador que sustituye a otro en momentos clave de un partido, cuando su equipo necesita con urgencia sumar al marcador; en otras palabras, es un jugador que, aun siendo bueno, no lo es lo suficiente como para ser parte del equipo titular.

 De Tiana nadie se acordó cuando la renovación de Fantasyland en Magic Kingdom; en la reforma hubo espacio hasta para la taberna y la fuente de Gastón, pero no para darle a la hija de Nueva Orleans siquiera un carrito en su honor. Eran otros tiempos dirán, y sí, lo eran, pero es que tampoco la han tenido presente en remodelaciones más recientes llevadas a cabo en otros parques Disney del mundo.

La sacudida a la conciencia de millones que ha significado el movimiento “Black lives matter” fue lo que obligó a Disney a darle un lugar a su princesa negra, pero lo hace con una atracción reciclada, lo que además de ahorrarle presupuesto le permitirá quitarse de encima el problema representado por “Splash Mountain” y su vínculo con la ahora infame “Canción del Sur”.

La atracción, una de las más populares y queridas del Magic Kingdom, retoma personajes y música de la película de 1946, protagonizada por el Tío Remus, quien con sus historias alegra los días de un niño solitario, nieto de la dueña de la plantación donde trabaja. Controversial desde su estreno, “Canción del Sur” ha sido condenada al ostracismo por presentar una trama plagada de estereotipos raciales enmarcados en un idílico cuadro que romantiza la servidumbre y explotación. Ante la creciente crítica, la compañía del ratón optó por la salida fácil, como lo es voltear hacia otro lado y hacer de cuenta que la cinta nunca existió. Nada ha conseguido aliviar su penitencia, ni siquiera el reclamo de connotados miembros de la comunidad afroamericana, entre ellos la leyenda Disney Whoppi Goldberg, quienes la consideran testimonio de una parte de la historia que no puede ni debe ser ignorada.

En las filas de Disney se encuentra gente con la capacidad para pensar en algo mejor que simplemente pretender que nunca existió. A mí, que no soy un portento de creatividad, solo se me ocurre reimaginar “Canción del Sur”, tal vez a través de una nueva versión, una que evidencie y corrija lo que estuvo mal en la original, lo que sería una lección mucho más provechosa que la nada, pues nada es lo que se obtiene del olvido.

            Reimaginarla implicaría también resignificarla, algo que por retazos ya se ha ido haciendo, basta ver lo que el “zip-a-deh-doo-dah” representa para muchos. Y sería también reparar una injusticia histórica, que no es otra que la cometida contra los actores negros que dieron vida a la película, condenados junto con ella a permanecer en las sombras. Salvo el caso de Hattie McDaniel (tía Tempy), mejor conocida por su personificación de “Mammy” en “Lo que el viento se llevó”, es prácticamente imposible encontrar otras muestras del talento de Glenn Leedy (Toby) y de James Baskett (tío Remus), para quienes sus respectivos roles protagónicos en “Canción del sur” constituyeron una oportunidad extraordinaria y prácticamente única para cualquier actor negro de su tiempo.

            En síntesis, me habría gustado que Tiana, por lo que es y por lo que representa, gozara de un espacio nuevo, sin los condicionantes físicos y emocionales impuestos por una atracción previa. Y también habría preferido que su concepción no estuviera marcada por el deseo de borrar la memoria de “Canción del sur”. Pero eso es lo que hay, así que solo me resta esperar que la inteligencia y sensibilidad de los “imagineers” les aconseje y permita mantener vivo el legado del “Splash” pues, guste o no, “Tiana’s Bayou adventure” y “Canción del Sur” forman parte de una misma historia, una que nunca será pasado si continuamos ignorándola en el presente.

AdrianaRocher

Historiadora de oficio y beneficio, soñadora de corazón, amante de los cuentos de hadas, fan de las películas de luchadores y eterna Padawan de Star Wars

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